Andrés López: El tesoro que aguarda en Fernando Chumaceiro
Han pasado algunas décadas
desde que Fernando Chumaceiro marcó
pauta en la historia nacionalista de Maracaibo, siendo el primer alcalde de la ciudad
marabina, como hemos mencionado
anteriormente, electo específicamente en las elecciones regionales
realizadas en el año 1989.
No obstante, su carrera no
solo se basó en hacer política constructiva, ayudando a los más
necesitados, sino que además inculcaba su fe en la ciudad nativa.
Durante su mandato
para 1992, el alcalde Chumaceiro decretó patrimonio de Maracaibo al
complejo ciudad de Dios y sus componentes, entre ellos el Templo
de San Tarcisio.
Una basílica de estilo
moderno diseñada por el arquitecto Ali Namazzi que en su
interior alberga obras del artista plástico Abdón Romero, entre
ellas el mosaico de “Cristo Resucitado” que está en el
altar mayor; la gran pintura “El sueño de Jacob” en la
columna central, las esculturas de San Tarcisio, conocido como el niño
mártir de la Eucaristía y la Santísima Virgen María.
Múltiples son las razones para
hablar de Chumaceiro, no solo para tomar en cuenta el criterio de quienes
escriben de él, sino para resaltar el sentido humano que mantiene
este maracucho al momento de ejercer labores a
beneficio de la ciudadanía. Sin intenciones de enaltecer sus
virtudes, Chumaceiro dejó un legado que aguarda en cada
escrito de todo aquel que decida plasmar sus líneas dedicadas a este hombre.
La representación paternal
que funda en el retoño familiar, ha sido uno de los ejemplo
de valentía y respeto que merece Chumaceiro, dedicado a formar
un hogar con valores donde la rectitud es siempre su principal
cualidad.