Andrés López: Fernando Chumaceiro, vocación de servicio público y no de político



Para 1989 por voto directo, universal y secreto, Maracaibo escogería a su alcalde para velar por el bienestar durante gran parte de la década de los 90. Para la época y en una convulsionada política vivida para la fecha, el pueblo maracucho buscaba en los escaños la cara de un hombre honesto que gestara su política para asistir las necesidades de la ciudad.

La confianza fue depositada en Fernando Chumaceiro, nacido en esta ciudad marabina en 1931, egresado de la Universidad del Zulia, con el título en Derecho en medio de una tensa época que congestionaba al sector estudiantil.

Los estudiantes de ese tiempo se caracterizaba por defender sus derechos “tanto así que en mi primer año, a mi izquierda se sentaba Douglas Bravo y a mi derecha Alfredo Maneiro, que luego se convirtieron en políticos y exguerrilleros, aseguró Chumaceiro en una de sus declaraciones.


Afirma que no le interesaba la política “pero sí sentía que, por haber estudiado gratis en una universidad durante cinco años, sin que mis padres tuvieran que pagarme nada más allá que los libros que necesitaba, me creaba una deuda que deseaba abonar y eso me llevó al servicio público”.


Antes de llegar a la alcaldía asumió el cargo de diputado al Congreso Nacional, tras recibir incentivo por sus profesores, quienes había observado el temple de Chumaceiro en sus reiteras postulaciones al presentarse en algunas elecciones bajo la tolda de Copei. 

A pesar de que su situación económica no era la mejor para el momento, debido a la falta de recursos, su intención por hacer política constructiva en Maracaibo no fue limitante.

Su propósitos de ayudar a los más necesitados ha sido permanentes en la conducta de Fernando, formando el bien y creyendo que los ciudadanos siempre tienen algo que aportar a la sociedad.



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